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Temporales y animales: Un llamado a la empatía y prevención (Opinión)

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Por Francisco Soza, Médico Veterinario, Facultad de Medicina Veterinaria USS

Los recientes sistemas frontales que han azotado a nuestro país nos recuerdan la inmensa fuerza de la naturaleza. Ante la alerta de temporal, la reacción instintiva es asegurar techos, limpiar canaletas y abastecerse. Sin embargo, en medio de esta preparación logística a menudo olvidamos a quienes dependen 100% de nosotros: los animales. La prevención ante desastres debe ser planificada e incluir tanto a nuestras mascotas como a la fauna silvestre.

El primer y gran llamado es a la protección. Durante un temporal, el lugar más seguro siempre será el interior del hogar. Por ningún motivo debemos dejarlos en patios sin vigilancia ni permitirles salidas para que recorra solo. Los fuertes vientos, truenos y lluvias torrenciales generan pánico y ansiedad severa en perros y gatos, impulsándolos a huir buscando algún resguardo, aumentando el riesgo a que se pierdan o atropellos.

En este sentido, también es urgente erradicar una práctica tristemente común: amarrar a los perros en el exterior. Un animal atado durante un sistema frontal queda sencillamente condenado. No solo se expone a una hipotermia letal, sino que, frente a una inundación repentina o caída de escombros, queda totalmente incapacitado para escapar, encontrando un final trágico y completamente evitable.

Esta misma desesperación explica por qué vemos un aumento de perros deambulando desorientados en las calles durante las tormentas. Muchos tienen familia y escaparon por terror. Si está dentro de nuestras posibilidades, brindarles un refugio temporal en un garaje techado puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte mientras amaina la lluvia.

Pero la emergencia climática no termina en nuestras casas. Los temporales inundan humedales y saturan bosques, obligando a la fauna silvestre a desplazarse. Es imperativo que los conductores extremen las precauciones y reduzcan la velocidad en las rutas interurbanas, ya que el riesgo de atropellar a animales que huyen de su hábitat aumenta drásticamente en estos días.

Asimismo, es altamente probable que aves, micromamíferos o incluso zorros y pudúes busquen refugio en zonas periurbanas, apareciendo en patios o leñeras. La regla de oro aquí es la no intervención directa. Un animal silvestre desplazado está bajo estrés extremo. No debemos intentar atraparlos, alimentarlos ni tratarlos como mascotas. Lo correcto es mantener distancia, resguardar a nuestros perros y gatos para evitar ataques, y comunicarnos de inmediato con la autoridad competente (SAG) o los Centros de Rehabilitación, como el Centro de Rehabilitación y Fauna Silvestre de la USS para recibir orientación.

Las emergencias climáticas sacan a relucir nuestra vulnerabilidad, pero también nuestra capacidad de cuidado. Proteger a los animales no es solo una medida de tenencia responsable, es un acto de humanidad básica y respeto por la biodiversidad. Cuando la tormenta arrecia, nuestra empatía debe ser el refugio más seguro.