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Trompas, orejas y miradas: identifican 41 gestos que usan los elefantes africanos para comunicarse

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Un estudio publicado en Animal Cognition documentó cómo estos mamíferos combinan señales corporales para pedir espacio o detener una conducta ajena, con un nivel de intención que sorprendió a especialistas de Viena, Portsmouth y St Andrews. 

Los elefantes africanos de sabana emplean al menos 41 tipos de gestos intencionales para pedir a otros animales que se alejen o que detengan una conducta, según un estudio publicado en Animal Cognition.

Los investigadores de las universidades de Viena, Portsmouth y St Andrews analizaron en video más de 90 horas de interacciones competitivas entre ejemplares en los parques nacionales Addo Elephant y Marakele, en Sudáfrica, y registraron 844 conductas.

El objetivo fue evaluar si los movimientos corporales tenían un destinatario y un propósito. Para ello, los especialistas examinaron 2 poblaciones de elefantes que viven en parques cercados y con alta densidad poblacional.

De acuerdo con el comunicado de prensa divulgado en EurekAlert!, en esos entornos la competencia por recursos puede derivar en enfrentamientos físicos, por lo que las señales gestuales pueden servir para resolver conflictos antes de que escalen.

Los animales observan a su receptor antes de hacer una señal

Los investigadores definieron la comunicación intencional como el uso de una señal para provocar una reacción específica en otro individuo. Para comprobarla, analizaron 4 indicadores: si el elefante miraba al receptor, si adaptaba el gesto a su nivel de atención, si esperaba una respuesta y si insistía cuando no obtenía lo que buscaba.

Los resultados mostraron que los emisores miraron al receptor antes de gesticular en el 97% de los casos y mantuvieron esa atención visual durante el movimiento en el 98%. Además, el 94% de los movimientos se produjo cuando el destinatario estaba visualmente atento.

Cuando el receptor no miraba, los individuos aumentaron de forma marcada el uso de acciones táctiles o audibles y redujeron los mensajes exclusivamente visuales. Este ajuste les permite usar movimientos que el otro animal pueda percibir, como un contacto físico o una acción acompañada de sonido.

La espera y la insistencia respaldan la intención

Tras realizar un gesto, los mamíferos esperaron una respuesta en el 90% de las secuencias observadas. Si el destinatario no se apartaba o no abandonaba la actividad que realizaba, los emisores persistieron con una nueva señal en el 83% de las ocasiones.

La investigadora principal, Vesta Eleuteri, de la Universidad de Viena, señaló que estos comportamientos pueden advertirse al observar elefantes en libertad. “Pueden agitar la trompa o extender las orejas, y uno entiende intuitivamente que ‘van en serio’”, afirmó.

Sin embargo, la autora explicó que hasta ahora no existía una demostración sistemática de que los elefantes salvajes utilizaran esos movimientos para comunicarse de manera deliberada con otros de su especie.

El trabajo examinó las conductas en interacciones agonísticas, término que describe situaciones de competencia, amenaza, desplazamiento o conflicto entre individuos.

La trompa y las orejas concentran la mayor parte del repertorio

El equipo catalogó 32 acciones gestuales que dieron lugar a 41 tipos de señales. La trompa intervino en el 47% de los gestos registrados y las orejas, en el 37%. Entre los movimientos frecuentes figuraron extender o agitar las orejas, lanzar la trompa, empujar a otro individuo con ella y tocarlo.

Los animales emplearon estos recursos para comunicar 2 metas principales: “Aléjate” y “Deja de hacer lo que estás haciendo”. En el 80% de las comunicaciones exitosas, el resultado fue que el destinatario se apartara; en el 20% restante, interrumpió una acción, como beber o acercarse a un recurso.

De los 33 tipos de acciones documentadas al menos 3 veces durante comunicaciones exitosas, 21 se utilizaron para ambos fines. El estudio indicó que los elefantes no usan las expresiones de forma rígida con un solo objetivo, por lo que la flexibilidad significa que un mismo movimiento puede tener funciones distintas según la situación.

Gestos compartidos, recursos en disputa

Las poblaciones de Addo y Marakele compartieron el 63% de los tipos de gestos identificados. En ambas fueron habituales 3 señales: extender las orejas, agitarlas y empujar al receptor con la trompa. Aun así, cada grupo mostró preferencias por distintos movimientos dentro de su repertorio más frecuente.

También hubo diferencias en los recursos que originaban los encuentros competitivos. En Addo, los ejemplares disputaban principalmente el acceso al agua de bebederos artificiales; en Marakele, la competencia se concentró en los juncos. En Addo, el 32% de las comunicaciones exitosas acabó con un individuo que se alejaba del agua.

La doctora Lucy Bates, de la Universidad de Portsmouth, destacó la relevancia de reconocer estos avisos. “Comprender cómo se comunican los elefantes cuando se sienten amenazados podría ayudarnos a interpretar mejor sus intenciones”, sostuvo.

La comunicación como herramienta de protección

Los autores relacionaron los hallazgos con los retos de conservación de los animales, entre ellos la pérdida de hábitat y el incremento de los contactos con personas. Identificar los gestos que indican rechazo o amenaza podría permitir que los humanos se retiren antes de que una interacción se vuelva riesgosa.

La profesora Angela Stoeger, experta en comunicación vocal de elefantes, afirmó que los próximos trabajos deberán integrar distintas formas de señalización. “El estudio de la interacción de las señales acústicas, visuales, táctiles y sísmicas, junto con el contexto, permitirá finalmente descifrar sus mensajes”, precisó.

La investigación también plantea ampliar las observaciones a otros contextos, más allá de los conflictos por recursos. Los científicos consideran necesario determinar cómo combinan los individuos sus movimientos con vocalizaciones y otras expresiones, así como establecer cuándo esos intercambios reducen el riesgo de agresiones.

Fuente: Infobae.