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Nuevas lluvias y riesgo de aluviones: expertos advierten qué debe revisar Chile ante una primavera de eventos extremos

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Las nuevas lluvias reactivan la preocupación por aluviones e inundaciones y ponen bajo la lupa las medidas de prevención en las zonas más vulnerables. Mientras El Niño podría alcanzar una intensidad histórica hacia diciembre, también crece la inquietud por las posibles pérdidas agrícolas y el riesgo de incendios forestales durante el verano.

Las intensas precipitaciones, los aluviones y las tormentas de granizo que han afectado a distintas zonas del país mantienen la preocupación por los fenómenos meteorológicos extremos que están marcando esta primavera. Mientras nuevas lluvias amenazan a sectores de la zona central, los especialistas advierten que Chile enfrenta un escenario que exige reforzar las medidas de prevención, especialmente en comunas expuestas a inundaciones y remociones en masa.

La preocupación aumenta ante las proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), que anticipan un fortalecimiento excepcional del fenómeno de El Niño hacia diciembre. Aunque su intensidad no permite predecir por sí sola cuánta lluvia caerá en cada región, el escenario obliga a prestar especial atención a las condiciones meteorológicas locales y a la capacidad de respuesta frente a emergencias.

Para Ivo Fustos, geofísico y académico de la Universidad de La Frontera (UFRO), especialista en amenazas naturales y riesgos geológicos e hídricos, uno de los principales factores que debe vigilarse es la acumulación de nieve en la cordillera y la posibilidad de nuevas precipitaciones con una isoterma cero elevada, condición que puede intensificar el escurrimiento de agua hacia quebradas y ríos.

“La presencia de nieve en la zona cordillerana en parte es una buena noticia, dado que tendremos reservas de agua bien entrado el verano”, explica Fustos. Sin embargo, advierte que es fundamental evaluar los escenarios de precipitaciones con isoterma cero alta, especialmente en sectores donde estas condiciones pueden favorecer inundaciones y remociones en masa.

El académico plantea que los recientes episodios registrados en comunas como Las Condes y Curacautín deben servir para identificar puntos críticos y fortalecer los sistemas de prevención. Esto implica revisar las quebradas y zonas con antecedentes de remociones en masa, mantener los canales despejados y evaluar si los planes comunales de emergencia responden adecuadamente a las amenazas actuales.

La preocupación no se limita a las precipitaciones. El especialista advierte que la abundancia de lluvias puede favorecer el crecimiento de vegetación que, al secarse con las altas temperaturas del verano, podría aumentar la disponibilidad de material combustible y las condiciones propicias para la propagación de incendios forestales.

“El actual desafío del país es prepararnos para la temporada de incendios a mediano y corto plazo, en la medida que seguimos preparándonos para eventos de inundaciones y remociones en masa”, señala Fustos.

Este escenario también representa un desafío para la agricultura, especialmente en regiones donde las lluvias persistentes han dificultado las labores de siembra y producción. En La Araucanía, la saturación de los suelos está retrasando la preparación de terrenos y el establecimiento de cultivos, con posibles consecuencias para las cosechas de los próximos meses.

Ignacio Nicolás Matamala Herrera, ingeniero agrónomo y profesor de Producción de Hortalizas del Departamento de Producción Agropecuaria de la Universidad de La Frontera, explica que el exceso de agua puede afectar las raíces por falta de oxígeno, provocar pérdidas de plantas y dificultar labores fundamentales como la fertilización y el control de malezas.

“Los productores necesitan días de buen tiempo para avanzar, pero muchas veces vuelve a llover antes de que el terreno esté en condiciones”, señala el académico.

Entre los cultivos expuestos se encuentran lechugas, repollos, brócolis, coliflores, zanahorias y papas, especialmente en terrenos con drenaje insuficiente. También preocupan las próximas siembras de maíz dulce, porotos y zapallos, además del trasplante de tomates, que requieren condiciones adecuadas de humedad y temperatura del suelo.

A las dificultades provocadas por las precipitaciones se suman los cambios bruscos de temperatura. El paso de jornadas frías y lluviosas a períodos de calor, acompañado de humedad elevada, puede favorecer determinadas enfermedades en los cultivos y aumentar la actividad de algunas plagas.

El impacto también podría trasladarse a los consumidores. Las pérdidas de siembras, los retrasos en las cosechas y las dificultades para transportar productos frescos pueden reducir temporalmente la oferta de algunas hortalizas y presionar sus precios.

“Si hay menos productos disponibles y cuesta más transportarlos, podrían subir temporalmente los precios de algunas hortalizas”, advierte Matamala.

Frente a este escenario, el especialista recomienda mantener los sistemas de drenaje, ajustar las fechas de siembra a las condiciones reales de cada predio y aprovechar las ventanas de buen tiempo, evitando ingresar maquinaria cuando los suelos estén excesivamente húmedos. También destaca la importancia de monitorear los pronósticos meteorológicos y detectar oportunamente la aparición de enfermedades o plagas.

Mientras las autoridades enfrentan el desafío inmediato de prevenir nuevas inundaciones y aluviones, los expertos advierten que las condiciones de esta primavera también podrían tener consecuencias durante el verano, tanto para la agricultura como para el riesgo de incendios forestales. La preparación, coinciden, no puede limitarse a responder una vez que se produce la emergencia.