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Tienen 16 años y llevan una idea al mercado: el emprendimiento escolar que combate el desperdicio de alimentos

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Frente al desperdicio de alimentos, tres estudiantes transformaron un problema ambiental en una oportunidad de emprendimiento. Su proyecto, Komberry, obtuvo el segundo lugar regional en la Feria Ingenio Bioactivo PUCV.

¿Qué se puede hacer con frutillas que quedan fuera del circuito comercial por razones estéticas? Esa pregunta llevó a Pía Egido, Dominga Lillo y Catalina Rodríguez, tres estudiantes de 16 años del Colegio Pumahue Curauma, a desarrollar Komberry, una iniciativa que busca aprovechar esta fruta mediante la creación de nuevos productos alimentarios.

A través del Taller de Emprendimiento del establecimiento, las estudiantes han llevado su idea desde la identificación de un problema hasta el desarrollo de productos concretos. Su propuesta principal es una kombucha artesanal de frutilla, elaborada a partir de té, azúcar y SCOBY, una comunidad simbiótica de bacterias y levaduras que permite la fermentación. Además, han explorado nuevas posibilidades de aprovechamiento de la kombucha mediante la elaboración de gomitas.

Para desarrollar Komberry, las alumnas han investigado, realizado pruebas, ajustado sus preparaciones y evaluado los costos y la viabilidad de su propuesta. Este proceso también las ha llevado a trabajar en la identidad de marca y la comunicación del proyecto, con el acompañamiento de sus docentes Francisca Lepe y Mario Eliessetch.

El proyecto obtuvo el segundo lugar regional entre 18 iniciativas participantes en la Feria Ingenio Bioactivo PUCV. El reconocimiento incluyó $200.000 en materiales de laboratorio para continuar trabajando en su desarrollo.

De una idea a un emprendimiento

El desarrollo de Komberry ha requerido mucho más que crear una receta. Las estudiantes han debido tomar decisiones sobre sus productos, organizar tareas, evaluar recursos y comunicar el valor de su iniciativa. También han comenzado a conocer los requisitos sanitarios y administrativos que tendrían que considerar para evaluar una eventual comercialización.

Cada integrante asumió responsabilidades de acuerdo con sus intereses y fortalezas: Catalina se enfocó en la investigación científica; Dominga, en identificar y comunicar el problema que buscaban abordar; y Pía, en marketing, comunicación y presentación. Aunque cada una tiene un rol definido, el avance del proyecto ha exigido coordinación y trabajo colaborativo.

Esta experiencia les ha permitido conectar conocimientos científicos con herramientas de planificación y educación financiera, además de desarrollar habilidades como la creatividad, la resolución de problemas y la comunicación. Así, el taller se convierte en un espacio donde las estudiantes pueden experimentar, aprender de los resultados y evaluar cómo llevar una idea a una siguiente etapa.

“Cuando los estudiantes se enfrentan a desafíos reales, tienen la oportunidad de conectar lo que aprenden con la búsqueda de soluciones concretas. Proyectos como Komberry les permiten desarrollar habilidades científicas, creatividad, trabajo colaborativo y herramientas de planificación, al mismo tiempo que aprenden a evaluar sus ideas y llevarlas a la práctica. Ese proceso es fundamental para formar jóvenes capaces de identificar oportunidades y construir sus propios caminos”, señala Mario Eliessetch, Profesor de historia y docente encargado del taller de Emprendimiento.

El trabajo con proyectos también se expresa en otras iniciativas desarrolladas en el Colegio Pumahue Curauma, como Tomate Fitt, que busca crear un galletón a partir de tomates, y KIVO, que ha participado en instancias como el ICI Challenge y School of the Future. Aunque sus propuestas son diferentes, comparten el desafío de identificar oportunidades, investigar alternativas y trabajar en equipo para desarrollar soluciones.

Los próximos pasos

Tras el reconocimiento regional, las estudiantes esperan perfeccionar sus productos, participar en nuevas ferias y competencias y recibir retroalimentación para continuar avanzando. También buscan explorar las posibilidades de formalización y comercialización de Komberry, considerando los requisitos necesarios para llevar el emprendimiento a una siguiente etapa.

La experiencia muestra cómo el emprendimiento escolar puede conectar los aprendizajes con desafíos concretos y abrir oportunidades para que los estudiantes investiguen, experimenten y desarrollen sus propias ideas. En el caso de Komberry, ese proceso comenzó con una pregunta sobre cómo aprovechar una fruta descartada y hoy continúa con el desafío de convertir una iniciativa escolar en un proyecto con potencial de crecimiento.