Por Luis Felipe Caneo M.
Pensando en motivar a que otras personas se sumen a un círculo virtuoso de amor, empatía y respeto animal, además de un ímpetu creativo, la psicóloga y activista por la causa animal & medio ambiental Bárbara Crichton Garay creó y lanzó hace algunos días la canción «Siembra Respeto» que busca la liberación de los seres vivos.
»No es un recurso, no es propiedad/, es otra vida pidiendo libertad/. Despierta el alma, comprende el dolor/, hay un latido, siente el valor/, siembra en tu plato respeto y amor» es parte de la letra de la canción y la cual se encuentra disponible en el canal PsicoTierra.
En entrevista con epanews.cl, Bárbara nos cuenta no sólo las motivaciones detrás de la pieza musical sino también parte de su filosofía de vida a favor de todos los animales.
-¿Cómo nació la canción Siembra Respeto?
«Siembra Respeto nace de una convicción ética y de una decisión profunda: transformar el horror que viven muchos animales en un canto de luz, para despertar conciencias sin herirlas.
La canción está inspirada, en parte, en una vivencia que tocó profundamente mi alma. Una tarde, en Quilpué, me encontraba afuera de un matadero cuando escuché los gritos de animales cuyos cuerpos estaban destinados a terminar en el plato de alguien. Eran seres infinitamente sensibles e inocentes, sintiendo el peso del miedo en una soledad difícil de expresar. Sentí una impotencia desgarradora al entender que sus clamores de piedad morirían allí dentro, sin que nadie acudiera jamás a rescatarlos. Y yo, ahí afuera, con el pecho apretado por un golpe de realidad tan fuerte, recuerdo que rompí en llanto.
Ahí entendí lo que es la injusticia en su estado más puro: ver la inocencia ser entregada al horror mientras tus manos no pueden hacer nada. Ver sufrir a quien no guarda malicia es presenciar la traición más grande del mundo, reflejada en que la vida más pura puede apagarse ante la indiferencia de todos. Con el tiempo he sanado aquella vivencia, transformando lo que fue un golpe de dolor en una cicatriz de madurez espiritual. Esto me llevó a una evolución interior: pasé de transmitir este mensaje desde un enfoque confrontativo y directo —que a menudo levantaba defensas y barreras— hacia una mirada más serena, basada en comprender que somos parte de la misma creación. Por eso la canción dice: «es la creación pidiendo compasión». Es la posibilidad de sentir que nuestro corazón late al mismo ritmo que el de ellos, y que el horror que experimentan es tan real como el que sentiríamos nosotros.
Esta canción nace para recordar que la compasión vive en nuestras decisiones de cada día. Celebrar «cada pequeño gesto es bondad» es entender que elegir otra opción para alimentarnos y actuar en general en nuestro cotidiano es, en el fondo, un acto de amor, justicia y respeto hacia todo ser que siente y hacia nuestra propia humanidad ¡Que tenemos que sembrar!».
– ¿Qué representan para ti los animales?
«Para mí, los animales representan la autenticidad, la sensibilidad, la humildad y la ausencia de malicia encarnada en su transparencia e inocencia más pura; es un ser en donde el misterio de la vida eligió poner un latido, una mirada, y un modo de sentir, ellos representan la integridad porque no están divididos entre lo que sienten, lo que piensan y lo que son; encarnan una coherencia absoluta donde cada pulso biológico es presencia pura, libres de la narrativa humana. Son la prueba viviente de que la vulnerabilidad no es un defecto de la naturaleza, sino una llamada a la responsabilidad, a la compasión y a la evolución de nuestra consciencia, por que también representan el espejo que evalúa la salud de nuestra alma colectiva: nos muestran si somos tiranos de la Tierra o sus guardianes.
Los animales son la prueba de que el universo no es una máquina inerte, sino un corazón gigante que late en millones de cuerpos distintos, pidiendo únicamente el espacio y la libertad para existir en paz. En esencia, la creación haciéndose consciente de sí misma a través de infinitas arquitecturas de sensibilidad y es por esto que debemos protegerlos, no se trata de ser animalista o de endiosarlos, aquí no hay fanatismos, porque esto se trata de empatía y del respeto básico y fundamental que deberíamos tener por la red de vida que compartimos y nos sostiene».
–¿Qué le dirías a aquellas personas que buscan relativizar los derechos de los animales, desde un punto de vista legal y filosófico?
«Les diría que la ley no otorga la capacidad de sentir: solo decide si la respeta o la ignora. Durante siglos, las propias leyes justificaron la esclavitud y despojaron de dignidad a millones de seres humanos bajo el pretexto de que no eran sujetos de derecho y hoy esa misma ceguera se repite con los animales. El progreso de la justicia exige corregir viejos dogmas a medida que la conciencia evoluciona.
Como psicóloga en una escuela en Limache, he comprobado con familias del propio rubro del rodeo que la violencia no se discrimina: se aprende y se transfiere. Exponer a la infancia a la crueldad degrada su empatía; las mismas madres me confirmaban cómo sus hijos regresaban más agresivos y contestadores —sin que yo, en mi rol profesional, manifestara jamás mi postura ética ante el tema—. Incluso el caso más severo de bullying que atendí correspondía al niño que más asistía al rodeo con su padre.
Validar el sufrimiento animal bajo el pretexto de la tradición adiestra la mente en el dominio del fuerte sobre el débil. Precisamente porque los animales son seres vulnerables y no pueden negociar en nuestras instituciones, nuestra responsabilidad de ampararlos es absoluta. Por último, me gustaría recalcar que el movimiento por los derechos de los animales no responde a sectores ni a colores políticos. Aunque históricamente en Chile ha existido un sector más difícil de persuadir en esta temática, la protección animal debe ser una causa transversal: ponernos de acuerdo en lo más elemental —evitar la crueldad y la explotación de un ser sintiente — es el estándar mínimo de una sociedad que se pretende civilizada».
En definitiva, la canción Siembra Respeto nos invita no solamente a reflexionar sobre nuestra relación con los animales sino también a pensar en cómo construir un mundo más empático con todos los seres vivos que lo componen.
Fotos: Gentileza Santuario Clafira y EPA Chile.


























