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Expertos declaran que insectos y otros animales menores tienen conciencia

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El pasado 19 de abril se hizo pública la Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal creada por destacados científicos y filósofos, que reconocen la evidencia empírica de conciencia en animales vertebrados e invertebrados, tales como moluscos, cefalópodos, crustáceos decápodos e insectos.

Esta declaración busca establecer un consenso científico sobre la conciencia animal, la que se centra en el tipo más básico de conciencia, conocida como conciencia fenoménica, lo que implica que tienen la capacidad de autopercibirse “como algo” siendo capaces de experimentar dolor y/o placer.

A lo largo de los años, los expertos se han centrado mayoritariamente en la sintiencia de mamíferos y aves. No obstante, ahora se ha evidenciado que los pulpos también sienten dolor y las sepias recuerdan acontecimientos pasados. Los estudios en peces han encontrado que los lábridos limpiadores tienen un grado de autorreconocimiento y que el pez cebra muestra signos de curiosidad. En el caso de los insectos, las abejas muestran un comportamiento de juego, mientras que las moscas de la fruta Drosophila tienen distintos patrones de sueño influenciados por su entorno social. Asimismo, los cangrejos de río muestran estados similares a los de la ansiedad, y esos estados pueden alterarse con medicamentos ansiolíticos.

Algunas investigaciones en Cambridge, concluyeron la capacidad de diferentes especies de realizar comportamientos intencionales y que los humanos no son los únicos en poseer sustrato neurológico que genera conciencia.

Si bien la declaración tiene implicaciones para el tratamiento de los animales, y especialmente para la prevención del sufrimiento animal, se amplian otras aristas como por ejemplo, permitirles expresar sus instintos y explorar sus entornos por su amplia complejidad.

Pero las consecuencias de otorgar la etiqueta de “conscientes” a una gama más amplia de animales –particularmente animales cuyos intereses no estamos acostumbrados a considerar– no son sencillas. Por ejemplo, nuestra relación con los insectos puede ser “inevitablemente algo antagónica”, dijo uno de los investigadores Godfrey-Smith. Algunas plagas comen cultivos y los mosquitos pueden transmitir enfermedades. “La idea de que podríamos hacer las paces con los mosquitos es una idea muy diferente a la idea de que podríamos hacer las paces con los peces y los pulpos”, cierra.

Del mismo modo, se presta poca atención al bienestar de insectos como Drosophila, que se utilizan ampliamente en la investigación biológica. “En la investigación pensamos en el bienestar del ganado y de los ratones, pero nunca pensamos en el bienestar de los insectos”, dijo Matilda Gibbons, que investiga las bases neuronales de la conciencia en la Universidad de Pensilvania y firmó la declaración.

Si bien los organismos científicos han creado algunos estándares para el tratamiento de ratones de laboratorio, no está claro si la declaración de hoy conducirá a nuevos estándares para el tratamiento de insectos. Pero los nuevos hallazgos científicos a veces desencadenan nuevas políticas. Gran Bretaña, por ejemplo, promulgó legislación para aumentar la protección de pulpos, cangrejos y langostas después de que un informe de la London School of Economics indicara que esos animales pueden experimentar dolor, angustia o daño.

La neuro científica Anil Seth señala que “Espero que la declaración llame mayor atención a las cuestiones de la conciencia no humana y a los desafíos éticos que acompañan a la posibilidad de experiencias conscientes mucho más allá de lo humano. Espero que genere debate, informe las políticas y prácticas en materia de bienestar animal y genere una comprensión y apreciación de que tenemos mucho más en común con otros animales que con cosas comoChatGPT”, concluyó la experta.

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