La investigadora Gemma Rojo, con experiencia en fauna silvestre y zoonosis, explica el alcance de la medida y entrega recomendaciones para la población rural y semi rural.
La decisión del Ministerio de Salud de decretar una alerta sanitaria por hantavirus en gran parte del territorio nacional marca un hecho sin precedentes en la respuesta frente a esta enfermedad. Se trata de una medida que entrega facultades extraordinarias para contratar personal, adquirir insumos con mayor rapidez y reforzar la red asistencial.
En este escenario, la Dra. Gemma Rojo, académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), subrayó que el objetivo de la medida es anticiparse y fortalecer la capacidad de respuesta y no reaccionar ante una emergencia que ya se encuentre en curso.
Al respecto, la investigadora señaló que “esta alerta no significa que estemos frente a una epidemia ni que el sistema de salud esté sobrepasado; se trata de una medida preventiva y de preparación que permite anticiparse y responder con mayor rapidez si aparecen nuevos casos o brotes localizados”.
Lo distintivo es su carácter inédito: el síndrome cardiopulmonar por hantavirus quedó incorporado de manera expresa dentro de un instrumento que ya existía para otras enfermedades vectoriales y zoonóticas, ampliando su cobertura desde Atacama hasta Magallanes y la Antártica Chilena.
Para la académica, esta decisión también refuerza la necesidad de que las instituciones trabajen coordinadamente, compartan información y mantengan una vigilancia oportuna de los cambios que puedan producirse en los distintos territorios.
La Dra. Rojo explicó que “necesitamos integrar la información de salud humana, salud animal y ambiente. Esto no significa aplicar las mismas medidas para todas las enfermedades, sino compartir información, coordinarnos mejor y detectar tempranamente los cambios que ocurren en los territorios”. Cabe destacar que One Health (Una Salud) es un enfoque integrado que busca equilibrar y optimizar la salud de las personas, los animales y los ecosistemas, reconociendo que son interdependientes.
Recomendaciones
Desde su experiencia en el trabajo con fauna silvestre y zoonosis, la investigadora aclaró que la respuesta no pasa por intervenir la fauna, sino por reducir las condiciones que favorecen el encuentro entre los roedores y las personas.
Es importante entender que los roedores también forman parte de los ecosistemas y cumplen funciones en la naturaleza, por ejemplo, como alimento para otras especies y en la dispersión de semillas. “No se trata, entonces, de verlos como enemigos ni de eliminarlos, sino de evitar las condiciones que los acercan a las viviendas y aumentan el contacto con las personas”, explicó la Dra. Rojo.
En esa línea, recordó que el contagio ocurre principalmente al inhalar aire o polvo contaminado con orina, heces o saliva de un roedor infectado, especialmente al ingresar a recintos que han permanecido cerrados. Por ello, insistió en la importancia de ventilar antes de limpiar y evitar el barrido en seco.
Rojo recomendó que “si una casa, cabaña, bodega o galpón ha permanecido cerrado, se deben abrir puertas y ventanas y ventilar durante al menos 30 minutos antes de permanecer en su interior”.
Junto con estas precauciones, destacó la importancia del ordenamiento y manejo ambiental del entorno de las viviendas. Esto incluye eliminar adecuadamente la basura, los restos de alimentos y los objetos en desuso o “cachureos”; evitar la acumulación de materiales que puedan servir como refugio para los roedores; mantener patios, bodegas y leñeras ordenados; controlar las malezas y la vegetación densa alrededor de las casas; y guardar los alimentos, granos y alimento para animales en recipientes resistentes y cerrados.
A estas medidas sumó humedecer pisos y superficies con agua y cloro antes de limpiar; utilizar guantes y mascarilla, idealmente N95; y sellar las posibles entradas de roedores. Estas precauciones debieran formar parte habitual de las actividades agrícolas, forestales y rurales, y no aplicarse solamente cuando existe una alerta sanitaria.
Asimismo, llamó a consultar oportunamente ante síntomas como fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares intensos o dificultad para respirar después de haber permanecido en una zona rural o de haber tenido una posible exposición a roedores. En estos casos, es importante informar al personal de salud sobre las actividades realizadas y el lugar donde ocurrió la exposición.
Rojo concluyó que “en el caso del hantavirus, prevenir la exposición y consultar a tiempo puede marcar una diferencia”.
