Por Luis Felipe Caneo M.
Generalmente cuando pensamos en torno al trabajo por los animales, nos centramos en ellos y muchas veces, en pos de darle el bienestar merecido, nos olvidamos cuidarnos nosotros mismos apostando a estar bien y evitar problemas graves de salud como es el caso de los accidentes cerebro vasculares. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, estos últimos constituyen la segunda causa de muerte a nivel mundial en los adultos y cada año ocurren cerca de 11,9 millones de casos nuevos dejando tras sigran cantidad de personas con algún grado de discapacidad.
Bajo este contexto, en entrevista con EPA news el Dr. Hachi Manzur, neurólogo del Hospital Clínico U. Chile, da cuenta de cómo se conforma dicha enfermedad, síntomas y señales de cuidado que todos debemos estar alertas. Para ayudar a un otro ser primero debemos preocuparnos de estar bien, algo que jamás debemos olvidar.
1.¿Qué es un ACV y cuáles son sus principales síntomas?, ¿por qué sucede?
«El ataque cerebrovascular o ACV es una patología frecuente y causa alta mortalidad y mucha discapacidad en la población que lo padece. Nótese que hablamos de ataque y no “accidente”. Los ACV rara vez son eventos accidentales ya que en su mayoría están producidos por factores de riesgo conocidos, siendo la hipertensión arterial crónica no controlada el principal de ellos.
En términos, un ACV generales ocurre cuando algún vaso sanguíneo del cerebro se tapa o se rompe. Cuando se tapa, habitualmente por coágulos, da lugar a un infarto cerebral y cuando se rompe, a una hemorragia. En la gran mayoría de los casos esto ocurre a nivel de las arterias, que son las que llevan sangre al cerebro.
Los síntomas dependen del lugar del cerebro que se ve afectado. Por ejemplo, si daña el lado derecho del cerebro, la persona experimentará síntomas en el lado izquierdo del cuerpo y viceversa. Por otro lado, si afecta a las áreas del lenguaje, usualmente ubicadas en el lado izquierdo del cerebro, la persona experimentará problemas para hablar; o si presenta daño de las áreas visuales (ubicadas en la parte de atrás del cerebro), la persona presentará problemas para ver.
La pregunta es ¿Cuándo sospechar un ACV?, a lo que podemos responder:
- Cuando aparecen síntomas neurológicos de manera brusca. Si los síntomas demoran días o semanas en instalarse, lo más probable es que NO corresponda a un ACV.
- Generalmente son síntomas de pérdida de alguna función neurológica: pérdida de movimiento, pérdida de lenguaje, pérdida de visión, etc. Los síntomas de aumento de alguna función neurológica, como hormigueos, ver luces o movimientos anormales son muchísimo menos frecuentes, y rara vez forman parte de un ACV.
- Los síntomas son focales, es decir, con ocasionados por daño en una ubicación específica del sistema nervioso. Se puede observar:
- Disminución de fuerza o pérdida del movimiento de un lado del cuerpo (izquierdo o derecho). También puede haber disminución de fuerza del brazo o de la pierna por si sólos, pero generalmente de un solo lado. Una disminución de fuerza de ambos brazos a la vez es difícil en un ACV, sin embargo la disminución de fuerza de ambas piernas si puede ocurrir.
- Dificultad para hablar: “lengua traposa” o “no poder encontrar las palabras”, o que la persona entienda pero no pueda hablar, o que las palabras estén mal construidas: decir “pilla” en vez de “silla”.
- Disminución o pérdida de la sensibilidad al tacto, también de un lado del cuerpo o de un brazo o una pierna. No generalizado.
- Pérdida o alteración del campo visual.
- Descoordinación en una parte del cuerpo.
- Existen muchos otros síntomas que pueden ser causados por un ACV. Si el paciente no presenta ninguno de los síntomas de la lista anterior, pero presentó algo “raro” de inicio brusco aún puede tener un ACV. Por lo anterior, y ante la duda, lo más recomendable siempre es llevar al paciente al servicio de urgencias para que médicos entrenados puedan identificar, diagnosticar e indicar el tratamiento más adecuado.
Entonces, para resumir, podríamos estar frente a un ACV si ocurren síntomas neurológicos focales de déficit o pérdida de función y de inicio brusco».
2.Y ¿qué pasa con el dolor de cabeza?
«El dolor de cabeza, cuando se acompaña de los síntomas descritos anteriormente puede ser manifestación de un ACV, sobre todo de un ACV hemorrágico.
Por sí solo, un dolor de cabeza rara vez es la manifestación de un ACV isquémico. ¿Qué dolores de cabeza me deben poner en alarma? Un dolor de cabeza de inicio súbito, referido como el “peor dolor de cabeza de la vida” o como un “trueno” o “relámpago” deben hacer sospechar cosas como la rotura de un aneurisma o un ACV hemorrágico.
Adicionalmente, personas que no tienen historia de dolor de cabeza, o personas mayores en las cuales comiencen con un dolor de cabeza es necesario consultar con un especialista, no sólo por la posibilidad de un ACV, sino por otros diagnósticos como tumores cerebrales».

3.Según ha revelado la ciencia, tenemos dos tipos de ACV: ACV Isquémico y ACV Hemorrágico (Hemorragia Cerebral). ¿Por qué se producen cada uno de ellos y cuáles son las principales diferencias de ellos?
«Puedo señalar que:
*ACV isquémico (arteria se tapa): Es el tipo más frecuente, representando aproximadamente el 80-85% de todos los ACV.
Ocurre cuando una arteria que lleva sangre al cerebro se obstruye, generalmente por un coágulo. Esto puede suceder porque una arteria se estrecha progresivamente por aterosclerosis (acumulación de colesterol y calcio en la pared arterial) o porque un coágulo se forma en otra parte del cuerpo, habitualmente el corazón, y viaja hasta el cerebro.
Podemos compararlo con una cañería que se bloquea: el agua deja de llegar a las habitaciones que dependen de ella. De la misma forma, las neuronas dejan de recibir oxígeno y nutrientes y comienzan a morir en cuestión de minutos.
Los principales factores de riesgo son:
- Hipertensión arterial.
- Colesterol elevado.
- Fibrilación auricular y otras enfermedades cardíacas.
- Sedentarismo y obesidad.
*ACV hemorrágico (arteria se rompe):Representa aproximadamente el 15-20% de los ACV, pero suele ser más grave. En este caso, el problema no es una obstrucción sino la ruptura de un vaso sanguíneo dentro o alrededor del cerebro. La sangre se acumula donde no debería estar, comprimiendo y dañando el tejido cerebral.
Las causas más frecuentes son:
- Hipertensión arterial crónica.
- Malformaciones vasculares.
- Aneurismas cerebrales.
- Algunas enfermedades de los vasos sanguíneos relacionadas con la edad.
- Uso de anticoagulantes en ciertos pacientes.
Y en cuánto a cómo diferenciarlo, vale comentar que desde el punto de vista de los síntomas, ambos pueden producir:
- Debilidad o parálisis de un lado del cuerpo.
- Dificultad para hablar.
- Pérdida de visión.
- Alteraciones del equilibrio.
- Compromiso de conciencia.
Por lo tanto, solo observando los síntomas no es posible saber con seguridad si un ACV es isquémico o hemorrágico. Para diferenciarlos se necesita una imagen cerebral como un escáner o una resonancia magnética».
4.¿Por qué es tan importante distinguirlos?
«Porque el tratamiento es completamente diferente. En el ACV isquémico, el objetivo es reabrir la arteria obstruida mediante medicamentos que “deshacen” el coágulo (trombolíticos) o procedimientos en los cuales se introduce un catéter a las arterias cerebrales para mecánicamente retirar el coágulo (trombectomía mecánica). En el ACV hemorrágico, esos mismos tratamientos son fatales, ya que aumentan el sangrado. En este caso, mediante la reducción de la presión arterial se busca controlar la hemorragia. En pacientes muy seleccionados se puede realizar cirugía».
5.Si detecto síntomas alusivos a un ACV, ¿cuáles son los pasos esenciales que debo hacer para asistir a la persona que lo está sufriendo?
«Debemos:
-
- Mantener la calma para poder actuar de manera óptima.
- No administrar NINGÚN fármaco al paciente.
- Acudir de manera más temprana a un centro con capacidad de aplicar los tratamientos de manera oportuna:
Es importante indicar que los centros con capacidad de tratamiento completo e integral del ACV son los siguientes:
- Hospital Clínico de la Universidad de Chile
- Instituto de Neurocirugía Dr. Alfonso Asenjo
- Hospital Barros Luco Trudeau
- Hospital Sótero del Río
- Clínica Alemana de Santiago
- Hospital Clínico de la Pontificia Universidad Católica de Chile
- Hospital de Urgencia Asistencia Pública (Posta Central)
- Hospital del Salvador
- Clínica Santa María
- Clínica Las Condes
- Clínica Universidad de los Andes
- Hospital Metropolitano
- Hospital Clínico San Borja Arriarán
- Hospital Padre Hurtado
- Hospital Clínico Mutual de Seguridad
- Hospital El Carmen de Maipú
- Hospital San José
- Hospital Dr. Félix Bulnes Cerda
- Hospital de Talagante
- Hospital San Juan de Dios
- Hospital Clínico de La Florida Dra. Eloísa Díaz
- Hospital Exequiel González Cortés (población pediátrica)
- Hospital Roberto del Río (población pediátrica)».
6.Pensemos en el siguiente caso clínico: un adulto mayor, después de un día tranquilo y con una presión arterial normal, sufre un ACV Hemorrágico -luego de agacharse, como lo hacía siempre-donde los doctores relevan que, pese al diagnóstico inicial, presentaba una presión disparada; el resultado final de la persona fue su fallecimiento. ¿Qué factores podrían haber gatillado la alza súbita de presión y el ACV Hemorrágico?.
«Desde el punto de vista médico, lo primero que hay que aclarar es que agacharse rara vez es la causa real de una hemorragia cerebral. Lo más frecuente es que el acto de agacharse haya coincidido con el momento en que ocurrió el evento, pero que el problema ya estuviera gestándose desde antes.
En el caso que se plantea, existen varias explicaciones posibles.
La más frecuente es la hipertensión arterial crónica. Muchas personas pueden tener una presión aparentemente normal en algunos controles, pero presentar alzas importantes en otros momentos del día. Con los años, la hipertensión va debilitando las pequeñas arterias del cerebro hasta que una de ellas finalmente se rompe. De hecho, la hipertensión es el principal factor de riesgo para hemorragia cerebral. El documento adjunto destaca precisamente que uno de los factores de riesgo más importantes para ACV es la hipertensión arterial, especialmente cuando no está adecuadamente controlada.
Otra posibilidad es que la presión elevada observada en urgencias haya sido consecuencia de la hemorragia y no su causa. Cuando ocurre una hemorragia cerebral, el organismo suele reaccionar aumentando la presión arterial para intentar mantener el flujo sanguíneo al cerebro. Por eso, encontrar cifras muy elevadas después del ACV no significa necesariamente que la persona estuviera hipertensa minutos antes del evento.
También existen situaciones que pueden producir aumentos transitorios de presión arterial:
- Esfuerzos físicos intensos.
- Levantar objetos pesados.
- Defecar realizando mucha fuerza.
- Episodios de dolor intenso.
- Estrés emocional agudo.
- Crisis de ansiedad o pánico.
- Consumo de estimulantes (cocaína, anfetaminas, algunas drogas recreativas).
Agacharse puede asociarse a una maniobra similar a «hacer fuerza» (maniobra de Valsalva), pero en una persona sana esto rara vez es suficiente para producir una hemorragia cerebral por sí solo.
Además, no todas las hemorragias cerebrales son causadas por hipertensión. Algunas se producen por:
- Aneurismas cerebrales.
- Malformaciones arteriovenosas.
- Angiopatía amiloide cerebral (frecuente en adultos mayores).
- Tumores hemorrágicos.
- Anticoagulantes o trastornos de la coagulación.
En un adulto mayor que estaba aparentemente bien, se agacha y presenta una hemorragia cerebral fatal, las dos explicaciones que un neurólogo vascular consideraría primero son:
- Rotura de una pequeña arteria dañada por hipertensión crónica, aunque la presión hubiera parecido normal previamente.
- Hemorragia relacionada con angiopatía amiloide cerebral, una enfermedad de los vasos cerebrales asociada al envejecimiento.
- Por lo tanto, la respuesta más probable es que el ACV hemorrágico no fue causado por el hecho de agacharse, sino por una enfermedad previa de los vasos sanguíneos cerebrales. El aumento de presión observado después del evento puede haber sido la causa, la consecuencia, o una combinación de ambas situaciones. Sin una tomografía, la localización exacta de la hemorragia y los antecedentes médicos del paciente, es imposible determinar cuál de estas explicaciones fue la responsable».