Mirada Nacional

Llega a Chile el barco más grande de Greenpeace

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Estuvo en el Ártico, apoyando la campaña para que las petroleras salgan del lugar -ya afectado por el derretimiento de los hielos- y también en el océano Austral, cerca de la Antártica, impidiendo que los buques factoría japoneses cacen y carguen ballenas. Y ahora, el Esperanza, el más grande los buques de la organización ambientalista Greenpeace, llega a Chile a entrenar activistas y a protestar por la protección de los glaciares.

De 72 metros de largo, el barco de origen polaco, perteneció primero a los bomberos rusos, siendo adquirido por Greenpeace en el año 2000. Tras dos años de adaptaciones para hacerlo más sustentable: como cambiar su pintura, adecuar un sistema para evitar derrames o la instalación de uno para recuperar las  aguas residuales, el entonces llamado Echo Fighter, recibió su nuevo nombre, elegido por simpatizantes de la organización, y comenzó a recorrer los océanos apoyando diferentes campañas, tal como lo hiciera el Rainbow Warrior, el que fuera el buque insigne de Greenpeace, hundido en 1985 por agentes franceses.

“La historia de Greenpeace es con barcos, las primeras misiones fueron realizadas con ellos. Tiene toda una tradición, el barco nos permite llegar mucho más lejos”, dice Daniel Rizzotti, capitán del Esperanza.

Con 20 años de experiencia en Greenpeace, Rizzotti (48), argentino, lleva 13 años capitaneando sus barcos. Dice que no es más peligroso que cualquier otra embarcación, porque con la actual tecnología se pueden evitar algunos impactos del mar, pero muchas veces hay empresas que tratan de agredirlos, “pero por supuesto, nosotros somos pacifistas antes que todo”, sostiene.

La campaña en Chile

A Chile llega el 16 de noviembre, estará en Coquimbo, tendrá una parada en Quintero, donde desplegarán una acción contra la contaminación de la bahía, y luego permanecerán en Valparaíso, con el barco abierto al público. (Para visitarlo hay que inscribirse en greenpeace.cl/esperanzatour).

El 8 de diciembre partirán al sur, donde realizarán una exploración hacia los glaciares Pío X y Balmaceda.

Su objetivo en el país es apoyar la campaña del equipo local por una ley de protección a los glaciares.

Matías Asún, director de Greenpeace en Chile, dice que la llegada del buque les ayudará a tener contacto con más personas a quienes hacer llegar el mensaje, entre ellos a los diputados, pues este miércoles se discute la ley en la comisión de Medio Ambiente y,  según Asún, están divididos.

“Estamos en un momento bastante complejo”, asegura. Eso, porque los diputados deben decidir y Codelco les señaló que, para continuar con sus proyectos, necesitan utilizar terreno donde hay glaciares como zona para depositar material de baja ley.

“Lo que la empresa ha empezado es una campaña del terror, en la cual ha colocado a los diputados en una condición de que si se protegen los glaciares se paraliza Codelco, lo que es absolutamente falso. Lo que está ocurriendo es que la empresa estatal está abaratando costos. Estamos solicitando que la empresa tenga un compromiso ambiental real mayor, porque están defendiendo los bajos costos de operación, pero sacrificando las reservas de agua que tiene el valle central”, indica.

Según la organización ambientalista, el Estado está impidiendo la protección efectiva, pues su proyecto indica que aquellos glaciares que están fuera de parques nacionales no tienen garantizada la protección, y son la mayoría.

“Lo que estamos solicitando son reglas claras para que la expansión minera no destruya las reservas de agua. Queremos normas que impidan la destrucción de esos glaciares, que impidan su intervención a priori, por una cuestión básica de ecología, dado lo poco estudiado que están los más de 24 mil glaciares en Chile”, dice Asún.

Un chileno en el equipo de mecánicos

En 2002, Andrés Soto (38) llegó  como voluntario a Greenpeace entusiasmado con la campaña de protección de bosques que lideraban entonces. Dos años después, el Arctic Sunrise pasó por Chile -al igual que el Esperanza-y le gustó tanto lo que hizo que  dejó la ingeniería forestal y se unió a su tripulación. Hace ocho años es uno de los seis mecánicos de lanchas que hay en el mundo.

Por su rutina, pasa tres meses a bordo de alguno de los tres barcos de la organización, luego tiene tres meses libres.

Para tener la menor huella de carbono posible, llaman al mecánico que esté más cerca del barco, por lo que al llegar a Chile, Soto se embarcará por los próximos dos meses, para recorrer Chile y Argentina con  el Esperanza.  “Para estar en un barco tienes que tener un carácter bien especial”, dice. Se debe convivir con gente de diversos países y costumbres, pero también estar expuestos a otros peligros.

“Hemos pasado por tormentas bien fuertes. También pasamos por Somalía hace tres años, en zona de piratas y secuestraron a un barco que estaba a 20 millas de nosotros. Oímos toda la conversación por radio”, cuenta. También han recibido ataques al realizar acciones.

Soto tiene su familia en Chile. Un hijo de 15 años y su pareja, también activista de Greenpeace. Con ella se tienen que poner de acuerdo para viajar en fechas similares. Con todo, el 50% de las ocasiones les ha tocado ir juntos.

Fuente: La Tercera.

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